Ahumada: lo indiscutible es la corrupción

Razones
Por Jorge Fernández Menéndez
11-May-2009

(...) Hay que investigar la denuncia que hace Ahumada de que Claudia Sheinbaum, quien obviamente ni sabía ni sabe nada de obras públicas, se hizo cargo, por indicaciones de López Obrador (ese es un hecho público) de las mismas, para que supervisara el manejo financiero extralegal en relación con Bejarano. Olvidemos las opiniones personales sobre Imaz y su relación de pareja, pero, en este sentido, debe ser relativamente sencillo comprobar si es verdad que Ahumada le pagó a Sheinbaum y Carlos Imaz un viaje a Europa poco antes de que éste asumiera como delegado en el DF. Pero no se trató de sólo un viaje: según cuenta Ahumada, sólo a Imaz le entregó unos cuatro millones 600 mil pesos. Mientras tanto, el responsable de las finanzas capitalinas, Gustavo Ponce realizó, y eso también está documentado, en unos meses, 17 viajes para apostar, en Las Vegas, sumas millonarias. Esos viajes también fueron financiados por Ahumada. Y todo lo sabía López Obrador, porque Ahumada dice que le pidió que lo dejaran salir del entramado y, como respuesta, el entonces jefe de Gobierno simplemente dejó de hablarle y aumentó la presión en su contra.

Mucho más es lo que recibió Bejarano, coordinador de campaña, secretario particular y luego líder de la Asamblea con López Obrador, con todo el respaldo del gobierno local. Cada vez que Ahumada pedía que le pagaran lo que le debían, dice el empresario, Bejarano y la contralora, Bertha Luján, le enviaban auditorías para que reconsiderara su posición. Hasta que el 13 de enero, en una última reunión en el restaurante Balmoral, del hotel Presidente, del DF, ante el reclamo de Ahumada para el pago de 400 millones de pesos que le adeudaban entre el PRD y el GDF, Bejarano lisa y llanamente le dijo que, si seguía con ello, lo metería a la cárcel. Lo que finalmente ocurrió. (...)

(Artículo completo en exonline.com.mx)

 

Ahumada confirma los rumores de su intervencíón para que Ímaz, Sheinbaum y Llubere se hicieran de la Delegación Tlalpan

MILENIO.COM presenta algunos de los fragmentos claves del libro Derecho de réplica. Revelaciones de la más grande pantalla política en México, de Carlos Ahumada, que se reproducen con autorización de la editorial Grijalbo.

Sobre los candidatos que apoyó
(Páginas 86 y 87)

…los aspirantes me iban a pedir dinero, como hasta donde supe lo hacían con quien se dejara para hacer una campaña y tratar de ganar los puestos de elección popular por los que estaban compitiendo.

En cuanto al PRD, fueron muchas campañas a jefe delegacional: a Raúl Ojeda las dos veces que compitió para la gubernatura de Tabasco; también al candidato al gobierno de Colima, Jesús Orozco; apoyé por supuesto a Rosario Robles a la presidencia del PRD y la campaña de Lázaro Cárdenas Batel por el gobierno de Michoacán en 2002; apoyé a Higinio Martínez para la presidencia municipal de Texcoco. Ahí fue donde conocí a Horacio Duarte, quien estuvo en repetidas ocasiones en mi oficina. Apoyé la candidatura de Carlos Ímaz a delegado en Tlalpan. Su campaña, al igual que la de Andrés Manuel [López Obrador] a jefe de Gobierno del Distrito Federal, había nacido prácticamente muerta y estaba destinada al fracaso rotundo, sin embargo, la promovieron en medio de la confrontación que existía entre el grupo de Rosario Robles y el de Bejarano.

También apoyé a Armando Quintero, que estaba compitiendo con Emilio Serrano en la delegación Iztacalco. Lo ayudé con dinero y con cuestiones como las encuestas que mandé hacer con Paco Abundís de Parametría. Yo las pagaba y se las compartía y entregaba a Rosario Robles, Armando Quintero, Carlos Ímaz, a todos ellos y a algunos candidatos del PRD en el Estado de México. Asimismo respaldé las campañas de Leticia Robles en Álvaro Obregón y las de Francisco Martínez Rojo y Fátima Mena en Tláhuac, entre otros.

Sobre AMLO
(Páginas 91 y 92)

Raúl (Ojeda) es una persona a quien respeté, tal vez hasta puedo decir que admiré su forma de ser, las ideas que tenía. Era una persona cien por ciento respaldada por Andrés Manuel López Obrador. En el hotel Hyatt, donde me hospedé las veces que viajé a Villahermosa, me presentó a Andrés Manuel, quien me pidió que apoyara a Raúl. Esa reunión tuvo lugar en una de las habitaciones del hotel, del que Raúl era propietario, socio o administrador; no sé con exactitud la naturaleza de su vinculación con el Hyatt.

En esa conversación en Tabasco en el año 2000, López Obrador me agradeció mi respaldo para Raúl [Ojeda], me pidió que siguiera apoyándolo y, palabras más menos, me dijo: “Apóyalo y en lo que te podamos ayudar en el GDF, cualquier problema que tengamos o que tengas, vamos a tratar de solucionarlo”. Es una persona que habla cortado, su conversación no es muy hilada y además no mira a los ojos a su interlocutor, pero el sentido de sus palabras fue muy claro. Me pareció que era suficiente y “a buen entendedor, pocas palabras”, por eso en su momento ingenuamente le creí.

Sobre Carlos Ímaz
(Página 95)

Parte del dinero que le di a él fue para cuestiones personales, como el viaje a Europa que hizo en las vacaciones de verano de 2003 con su esposa Claudia Sheinbaum. Otra parte la utilizó para la contienda interna del PRD, en la búsqueda de la postulación como candidato a la jefatura de la delegación Tlalpan, como ya lo dije anteriormente, contra Susana Manzanares, y en particular la utilizó para pagar los espectaculares que hubo en Periférico, además de las bardas pintadas con su propaganda. Lo apoyé asimismo durante la precampaña coordinada por Adolfo Llubere, con 60 camionetas que se usaron todas las noches durante, una semana, para pintar bardas y espectaculares y hacer otras actividades. También pagué los anuncios en el programa El Mañanero que conducía Víctor Trujillo, mejor conocido como Brozo, además de los spots en radio que fueron producidos y contabilizados por la empresa Publicorp, propiedad de Luis Kelly y Norma Galván.

(Vía milenio.com)

Gracias a tipos como Bejarano, Ímaz, Llubere, Robles y AMLO, da vergüenza haber sido "de izquierda"

Doble Fondo

Juan P. Becerra-Acosta

  • 2009-03-23

Hace cerca de 27 años tuve la fortuna de presenciar la llegada al poder de la izquierda en España. Ocurrió el 28 de octubre de 1982. Yo tenía 19 años y vivía en una sobria residencia de estudiantes en Madrid, donde apenas llevaba siete meses de haber iniciado este cotidiano y permanente aprendizaje que es el periodismo.

Ese otoño madrileño me marcó, me tatuó para siempre. Mis compañeros de la residencia, todos provenientes de diferentes regiones españolas (yo era el único extranjero ahí), se volcaron a las calles a festejar, junto a miles de sus compatriotas. Entre caña y caña, entre porro y porro, la euforia juvenil de aquella madrugada tibia me estremeció hasta el tuétano: era un gran orgullo ser de izquierda. Así, libremente, legalmente, sin miedo, sin clandestinidad, sin pudor alguno, se gritaba, se cantaba, se bailaba, se exhibía que uno era de “izquierdas”.

¡Qué envidia democrática me daban! “¿Y vosotros, en México?”, me preguntaban. Qué respondía, sonrojado: “En las elecciones de 1976 que organizó el partido de Estado el único candidato fue el actual Presidente. La izquierda estaba proscrita”.

Casi tres décadas después, me dice un querido amigo mexicano: “¿Qué tenemos hoy quienes aspiramos a una política solidaria, progresista, liberal, moderna, socialdemócrata? ¡La mierda del PRD! ¡Nos han manchado a quienes pensamos y sentimos a la izquierda! ¡Han perfeccionado todos los chanchullos del PRI! ¡¿Cómo se atreven, reaccionarios, a ostentarse como gente de izquierda con su arcaísmo, su clientelismo, su corporativismo, su corrupción, su caudillismo, enanos intelectuales y políticos?! ¡Míralos otra vez, con sus fraudes, ahora en el DF!”

Mi amigo estaba enfurecido porque habíamos acudido a una cena-fiesta y un grupo de mujeres, divertidísimas, lo devoró… por ser de izquierda. No perredista, porque nunca lo ha sido ni lo será. De izquierda. ¿Por qué? Porque esas mujeres, algunas informadas y cultas, otras no, todas de derecha —panistas y priistas— habían decidido, con gran tino jodedor, que el sinónimo de izquierda esa noche sería… ¡perredista! Y lo decían, a carcajadas, como un amigable insulto entre gente que se lleva pesado: “Perredista”. Hombre de izquierda, igual a corrupto, fraudulento, anacrónico, caníbal, destructivo, infecto, vergonzoso. Perredista…

Mi amigo, ya para el amanecer, yacía jodido: “Pobres de nosotros, los de izquierda: qué partida de madre histórica nos pusieron, no los priistas y panistas, sino los pinches perredistas. Y lo peor es que esta vergüenza ya es para siempre”.

Pues sí. Miserables…

Vía impreso.milenio.com