“Los líderes del CGH no pensaron en los demás”, dicen quienes entonces tuvieron que abandonar sus estudios

El Universal
Domingo 15 de marzo de 2009

“Que nunca vuelva a pasar algo así”, suplica y al mismo tiempo reclama Verónica, quien entre el sollozo que escuchan en la línea telefónica desde Reno, Nevada, en Estados Unidos, sentencia que los líderes del Consejo General de Huelga (CGH), “nunca pensaron en los demás. Fueron injustos. Fueron unos egoístas”.

Verónica sólo soportó seis de los más de nueve meses de huelga estudiantil. Al abandonar su carrera de Ingeniería Agrícola en la Facultad de Estudios Superiores de Cuautitlán, como lo hicieron miles de jóvenes que dejaron la UNAM, truncó su aspiración de obtener un grado universitario.

Hasta ahora se ignora cuántos jóvenes jamás regresaron a las aulas de la UNAM. Las estadísticas refieren que 70 mil perdieron el primer semestre de la huelga y las autoridades señalan que dos de cada tres regresaron a la institución ya superada la crisis.

Verónica recuerda que en su generación eran 28 estudiantes; de ellos, sólo tres retomaron sus estudios que habían truncado a la mitad de la carrera, en el cuarto semestre.

“Me hubiera gustado tener otra opción, como tampoco la tuvieron mis compañeros. Mi madre vivía en Estados Unidos y yo rentaba un lugar cerca de la escuela, ya que mi casa quedaba en el sur del Distrito Federal; la huelga hizo que mi situación económica se complicara. No tenía nada: no tenía escuela ni trabajo y sí que pagar una renta. La solución fue empezar a trabajar, ahorrar un dinerito mientras se solucionaba todo y por eso decidí venir a Estados Unidos”.

Sólo que luego de aprender inglés y computación, y de emplearse como cajera, también conoció a su esposo. Se casó y regresó a Guanajuato —de donde él es originario— a trabajar en una maquiladora. En aquel momento pensó retomar su carrera en la UNAM, pero la lejanía de la ciudad de México y un buen sueldo, por ser bilingüe, no lo hizo posible.

“Mis primos me hacían burla, que a la UNAM le habían cambiado el nombre y que ahora se llamaba Universidad Nacional Autónoma del Mosh. Algunos compañeros me decían que a pesar de que estaba abierta, las clases aún no se regularizaban; que tomaban clases, pero todo se recobró casi hasta 2001”.

Antes que retomar su carrera, fue la necesidad de mejorar su situación económica ante la noticia de su primer embarazo que Verónica decidió “abrirle una puerta a mi hijo en una sociedad menos injusta, donde el que más grita no tiene la razón”. Eso provocó que viajara con su esposo a Texas y decidieran abandonar para siempre nuestro país.

A 10 años del inicio del conflicto universitario, Verónica de Bernardo vive en Estados Unidos, en espera de una alternativa migratoria para quienes están indocumentados en aquel país. Labora en un grupo cristiano, como traductora a los hispanos en Nevada.

Llora y su voz se cierra cuando recuerda los momentos en que se frustró su sueño. “Es muy duro para mí. Es muy duro entenderlo porque a mí sí me gustaba estudiar. Ahora que veo a mis hijos digo que hubiera querido terminar mi carrera. Nosotros sí queríamos estudiar, los fósiles y los líderes sabían cómo tenían que hacerle, pero a nosotros no nos dieron opciones. Pero aún no se me olvida, quiero ser maestra”.

Vía eluniversal.com.mx

Universicarios.

 Letras Libres
Fecha: 1 de abril de 2004

Guillermo Sheridan,

No es la primera vez que una cámara indiscreta pilla al forever young Carlos Imaz en arreglos turbios: en mayo de 1999, a unos días de iniciada en la UNAM la madre de todas las huelgas, se publicó una foto que lo mostraba junto a Ricardo Pascoe, Martí Batres y otros perredistas, en agradable tertulia con los líderes huelguistas. Interrogados al respecto, declararon que se habían reunido para hablar de literatura.

Ello no impidió al sagaz Andrés Manuel López Obrador, ya candidato del PRD a gobernar la capital, declarar dos meses más tarde, cuando el PRD ya había perdido el control de esa huelga: "No nos estamos chupando el dedo: este conflicto universitario lo están administrando el señor Zedillo y el señor Diódoro Carrasco, Secretario de Gobernación, para dañar al PRD".

Cinco años más tarde, el delegado Imaz es pillado de nuevo, esta vez atascando en sus alforjas populares firmes fajos de billetes (seguramente para comprar más libros de literatura); López Obrador decreta que el nuevo conflicto lo están administrando el CISEN, la DEA, el PAN, etcétera, y repite verbatim lo de no chuparse el dedo: obviamente el límite de su imaginación metafórica.

Desde sus inicios, el PRD echó mano alegremente de los activos que en materia de multitudes le ofrecía la izquierda de la UNAM: su sindicato -clon del gran charrismo histórico (dinosaurio incluido)- y su "movimiento estudiantil" que según Imaz, era una "función social" y "un intento civilizatorio de la sociedad". A la hora de pagar esas convicciones –debidamente traducidas en pragmáticas huelguillas, zipizapes callejeros y defenestración de rectores- el PRD supo retribuir con canonjías y diputaciones a Imaz, Imanol Ordorika, Rosario Robles, Adolfo Llubere, Pablo Gómez, Salvador Martínez Della Rocca, Adolfo Gilly, Agustín Rodríguez et al., que se cobraron a lo grande. Luego de suculentas becas en Stanford (pagadas por el pueblo), Imaz se graduó de coordinador general de gestión social y participación ciudadana de Cuauhtémoc Cárdenas; Ordorika, de su vocero; Rosario Robles, de su diputada; Martínez Della Rocca, de su delegado en Tlalpan, etcétera. El arreglo era cómodo: se podía vivir el culto de la acción, agitar en la UNAM y, en caso de adversidad, regresar a los cubículos.

Los antaño lidercetes de la UNAM "popular" eran a la lucha social lo que el hodierno PRD a la izquierda: a la vez su adalid y su bochorno. Lograron dañar profundamente a la UNAM durante lustros y ahora han llevado su compañía demoledora a su partido, al Gobierno de la ciudad y al pundonor patrio. Sus renuncias o expulsiones son escaso alivio. Si a Rosario Robles se le perdonó en 1981 desbaratar la Facultad de Economía con su "Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas" para, veinte años más tarde, hacerla Jefe de Gobierno, nada impedirá perdonarla de nuevo. Si a Imaz se le perdonó el desastre de la huelga de 2000, se le perdonará su voraz amor a la Literatura. Siempre hay un complot; siempre son inocentes.

¿Volverán a la UNAM? No se pierda el próximo episodio.

Vía articlearchives.com