La guerra por el DF
René Avilés FabilaDOMINGO 8 de marzo del 2009Comenzó la guerra electoral. Por ahora van todos contra todos. Ya se irán decantando las ambiciones y entonces el combate quedará entre las principales formaciones políticas del país, tres para ser exactos, las demás buscarán acomodo en coaliciones falsamente ideológicas.
En Tlalpan, por ejemplo, donde vivo desde hace 30 años (imagino que algo semejante ocurre en Miguel Hidalgo o en Coyoacán), uno recibe toda suerte de comentarios y publicidad de los aspirantes. Como ya es normal en la capital de México, el enfrentamiento se da entre el PRD y el PAN. Las encuestas dicen que la Asamblea Legislativa de nuevo quedará en manos del primero, seguido por Acción Nacional. El PRI, que a escala nacional es el más exitoso con Peña Nieto al frente, en el DF apenas cuenta. No ganará una sola delegación política, pese al optimismo de Beatriz Paredes.
Veamos las oscuras complicidades. Adolfo Llubere ha mandado pintar multitud de bardas calificándose como candidato ciudadano a la jefatura delegacional de Tlalpan. Su autopostulación va antecedida por la amenaza de salirse del PRD para ser candidato por otra formación si no lo eligen. Debe tratarse de alguien importante o solamente audaz. Llama la atención que se diga ciudadano, cuando lo vimos ocupar Desarrollo Social desde hace tiempo al amparo de dicho partido. Las reacciones ante los aspirantes de Tlalpan han circulado en internet de manera asombrosa y, en mi caso, sólo confirman la baja catadura moral del PRD, su enorme tendencia a la corrupción y al amor por los cargos públicos que dejan dinero.
Merced a correos electrónicos y medios, he confirmado que Adolfo Llubere es “un huelguista de la UNAM que nunca se recibió, pero sí utilizó en su propio beneficio político a los aspirantes ‘sin lugar’ en la UNAM (aquellos que no podían ingresar, porque él y otros fósiles seguían ocupando lugares, sin aprovecharlos). Un funcionario del gobierno de Rosario Robles, que empleó su puesto para atizar en la UNAM una huelga de diez meses, que casi la aniquila, hasta que el rector Juan Ramón de la Fuente la acabó con la fuerza pública. Un funcionario del GDF que se robó los fondos recaudados en la colecta para los bomberos. Un funcionario del GDF que sirvió de contacto para llevar los recursos que Ahumada obtenía por contratos con el GDF a las campañas de Salazar en Chiapas y de Lazarito en Michoacán. Un beneficiario de la corrupción de Robles, Ímaz y Ahumada que abandonó a sus compinches y huyó a España cuando estos fueron capturados por las cámaras con las manos en las ligas. Un funcionario de la delegación Tlalpan durante las últimas tres administraciones, y que no puede más que haber participado en la corrupción que ahora acusa. Un falso precandidato ciudadano (¡como si no supiéramos que es director de Desarrollo Social!). Un funcionario autoritario que insistía en instalar su pista de hielo en el Bosque de Tlalpan, pese a las protestas desesperadas de los vecinos… Para comprobar todo lo que le digo, vea las noticias periodísticas reunidas en el sitio http://llubere.info, donde está documentada la historia de este señor”.
Pero Hipólito Bravo, diputado perredista por Tlalpan, antes bejaranista, no tiene mejor currículum; su hija, Xochitl Bravo, trabaja en Desarrollo Social de dicha delegación. Para qué hablar de Higinio Chávez, delfín de Guillermo Sánchez Torres, quien a su vez quiere una diputación. Quedaba José Alcaraz, consumado admirador de AMLO. Se dio a conocer con una caminata por el país protestando por el fraude electoral de 2006; se dedica a gestionar cambios y regularizaciones de uso de suelo en la zona. Fue aspirante a delegado y el viernes renunció a favor de Hipólito para “frenar a Bejarano” y porque “en Tlalpan están hartos de la imposición y sobre todo del abuso del poder en beneficio del grupo que lo detenta.”
Lo único evidente de esta discusión entre internautas tlalpenses es que todos coinciden en sacar al PRD de la delegación, porque no toleran más (me incluyo, desde luego) sus patrañas y la intensa corrupción que viene desde El Pino hasta Guillermo Sánchez Torres pasando por Carlos Ímaz y Luis Moyao.
Este cúmulo de aspirantes perredistas que luchan con violencia entre sí recuerda la mejor época del PRI: cuando todos querían una candidatura, no por razones ideológicas o “vocación de servicio”, sino porque era obvio que iban a ganar. El PRD sabe que el DF es suyo y entonces cualquiera aspira a ser candidato por dicho organismo, seguro del triunfo. A cambio, en los demás partidos alguien levanta la mano para decir con timidez: “Quiero ser delegado o diputado”.
Para muchos es claro que en el DF, según la frase común, salimos de Guatemala para entrar en guatepeor. No hay diferencias entre el PRI y el PRD, salvo que en el segundo la corrupción ha sido escandalosa. En Tlalpan hay un candidato ciudadano del PAN, Jorge Quintana Topete. Del PRI, nada sé, salvo que espera ganar en 2012.

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