Letras Libres
Fecha: 1 de abril de 2004Guillermo Sheridan,
No es la primera vez que una cámara indiscreta pilla al forever young Carlos Imaz en arreglos turbios: en mayo de 1999, a unos días de iniciada en la UNAM la madre de todas las huelgas, se publicó una foto que lo mostraba junto a Ricardo Pascoe, Martí Batres y otros perredistas, en agradable tertulia con los líderes huelguistas. Interrogados al respecto, declararon que se habían reunido para hablar de literatura.
Ello no impidió al sagaz Andrés Manuel López Obrador, ya candidato del PRD a gobernar la capital, declarar dos meses más tarde, cuando el PRD ya había perdido el control de esa huelga: "No nos estamos chupando el dedo: este conflicto universitario lo están administrando el señor Zedillo y el señor Diódoro Carrasco, Secretario de Gobernación, para dañar al PRD".
Cinco años más tarde, el delegado Imaz es pillado de nuevo, esta vez atascando en sus alforjas populares firmes fajos de billetes (seguramente para comprar más libros de literatura); López Obrador decreta que el nuevo conflicto lo están administrando el CISEN, la DEA, el PAN, etcétera, y repite verbatim lo de no chuparse el dedo: obviamente el límite de su imaginación metafórica.
Desde sus inicios, el PRD echó mano alegremente de los activos que en materia de multitudes le ofrecía la izquierda de la UNAM: su sindicato -clon del gran charrismo histórico (dinosaurio incluido)- y su "movimiento estudiantil" que según Imaz, era una "función social" y "un intento civilizatorio de la sociedad". A la hora de pagar esas convicciones –debidamente traducidas en pragmáticas huelguillas, zipizapes callejeros y defenestración de rectores- el PRD supo retribuir con canonjías y diputaciones a Imaz, Imanol Ordorika, Rosario Robles, Adolfo Llubere, Pablo Gómez, Salvador Martínez Della Rocca, Adolfo Gilly, Agustín Rodríguez et al., que se cobraron a lo grande. Luego de suculentas becas en Stanford (pagadas por el pueblo), Imaz se graduó de coordinador general de gestión social y participación ciudadana de Cuauhtémoc Cárdenas; Ordorika, de su vocero; Rosario Robles, de su diputada; Martínez Della Rocca, de su delegado en Tlalpan, etcétera. El arreglo era cómodo: se podía vivir el culto de la acción, agitar en la UNAM y, en caso de adversidad, regresar a los cubículos.
Los antaño lidercetes de la UNAM "popular" eran a la lucha social lo que el hodierno PRD a la izquierda: a la vez su adalid y su bochorno. Lograron dañar profundamente a la UNAM durante lustros y ahora han llevado su compañía demoledora a su partido, al Gobierno de la ciudad y al pundonor patrio. Sus renuncias o expulsiones son escaso alivio. Si a Rosario Robles se le perdonó en 1981 desbaratar la Facultad de Economía con su "Organización de Izquierda Revolucionaria-Línea de Masas" para, veinte años más tarde, hacerla Jefe de Gobierno, nada impedirá perdonarla de nuevo. Si a Imaz se le perdonó el desastre de la huelga de 2000, se le perdonará su voraz amor a la Literatura. Siempre hay un complot; siempre son inocentes.
¿Volverán a la UNAM? No se pierda el próximo episodio.
Vía articlearchives.com